Los Pingüinos de Madagascar y la profesionalización de los esports

Los Pingüinos de Madagascar y la profesionalización de los esports

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Si buscásemos la palabra ‘carisma’ en cualquier diccionario, sería todo un detalle que como equivalente estuvieran «Los Pingüinos de Madagascar«. Mayores y pequeños disfrutan fácilmente con las aventuras de estos cuatro pingüinos que destacan por la ‘profesionalización’ -o al menos un intento de ello- en sus misiones tanto las películas como en su serie. Es escuchar «Kowalski, opciones» y echar automáticamente las manos a la persona. No sabes por dónde van a salir en su modus operandi pero sí el resultado final: muy probablemente acabarás riendo o con alguna pequeña sonrisa.

El contrapeso entre los cuatro pingüinos es consumado. Skipper es el líder, quien da las órdenes y da la cara, poco así como el Luis Enrique de estos entrañables animales. Kowalski juega el rol de estudiado agudo, cualquier duda teórica o que impliquen ciertos números pasa por él. En cambio, Rico es todo lo contrario: un pingüino que está como una auténtica regadera pero que es un ‘manitas’. Y finalmente, está Lado. No destaca en nadie, principalmente porque es el miembro más muchacha e inocente de todos, pero es el principal sacrificado para que todo salga delante. Un ying y yang dividido en cuatro partes que evoluciona con cada provocación que deben pasar. La ‘profesionalización’ en sus misiones cada vez mejoría más o, de nuevo, al menos así lo intentan.

La profesionalización es un equivalente de cambio tanto para los Pingüinos de Madagascar como en los deportes electrónicos. Sin retención, las exigencias son cada vez mayores. Los pingüinos son los liantes que, con la excusa de querer ir a la Antártida, incitan a Marty (la zebra) a retornar a la vida salvaje. Pasan de manejar un barco a un avión entre otras muchas cosas. Liderados por Skipper, se sobreponen con carisma a todos los retos y obtienen su premio. Quizás la Antártida sea una desilusión original, pero siguen en búsqueda de lo que les llena individualmente. Casi siempre consiguen premio, normalmente a la prestigio de sus operaciones.

Pero interiormente de los deportes electrónicos, la profesionalización es en cierta parte engañosa. La de los Pingüinos de Madagascar implica a cuatro animales que se complementan a la perfección para obtener un objetivo. Pero en los esports, si pueden recaer sobre una sola persona, mejor. Los estándares de exigencia crecen en la industria, una consecuencia completamente razonamiento y necesaria para conseguir el progreso, pero como en otros aspectos de la vida, intenta apelar a la responsabilidad individual para ello. El sector investigación las cualidades de los cuatro pingüinos en un individuo y conseguirlas a coste insignificante. Y si llega cualquier sospecha aparece el comodín de la pasión como excusa para ser un aferrado.

Luego está el sector completamente contrario al de los honestos. Aquellos que en circunstancia de admitir que no pueden demorar a todo y buscan trabajar en equipo para obtener un objetivo (o perfectamente) popular, venden la apariencia de los Pingüinos de Madagascar. Ellos son Skipper, Kowalski, Rico y Lado. Lo han sido toda la vida, pero nadie lo ha valorado hasta la aniversario. Luego, en el momento de la verdad, ni siquiera llegan a tener el sacrificio de Lado anteponiendo el conjunto por encima de ellos mismos. Pero de alguna forma u otra, como los pingüinos, se hacen con la suya y consiguen colarla. A veces da la sensación de que, en función del quién (o el dónde se aplica), el barómetro de exigencias cambia por capricho.

Skipper, Kowalski, Rico y Lado saben que para retornar a la Antártida tienen que ser cautelosos. Exponer sus planes públicamente en el zoo de Nueva York es difícil. Si por alguna casualidad les pillan, tendrán a toda la policia delante apuntándoles con una pistola, tal y como sucede en la primera película de Madagascar. Pero Marty, que se lo puede contar a Alex (el bizarro) y así sucesivamente con Popularidad (la hipopótamo) y Melman (la jirafa), les pilla. Los pingüinos se ven obligados a explicar el plan. Pero la zebra, hábil o ingenua, oculta la revelación de retornar a la vida salvaje comentándola a sus amigos como regalo deseado de cumpleaños. Los esports igualmente son el zoo de Manhattan: todo el mundo se conoce, así que cualquier idea buena o denuncia circula rápido. El personal no puede expresarse en parada como le gustaría por miedo a cavar su propia tumba.

«¿Puedes eludir un secreto, mi amigo monocromático?».

 

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